Vivir en la KON-TIKI es "vivir adentro como si estuviera afuera".
Esta es la mejor descripción de cómo quise continuar viviendo.
Su nombre llegó al darme cuenta que una y otra vez, la cama se inclinaba hacia los pies y hacia la izquierda, como amoldándose sobre una superficie acuosa. Pero también porque lo más rígido, su estructura, no es más que palos unidos con alambres. El resto son lonas que como velas dan cuenta de la presencia del viento. Cuando sopla fuerte, la KON-TIKI se remece con serenidad.
La privacidad solo estaba en la parte del descanso, equivalente a la cabaña de alimentos que replicó Thor Heyerdahl en la balsa. La cocina, y el baño, no tienen siquiera lona. Una fina malla oscura (como si fuese una red de pesca), pretende separar el espacio interior del exterior, aunque es solo una ilusión: transitan de lado a lado diversos animalillos quienes nada saben de las pobres fronteras humanas.
Un amigo sugirió sellarla para resistir el frío. Pero yo quise sentirlo y solo a la hora de dormir, protejerme.
Esculpí finos canales en la tierra para conducir el agua que emanaba desde el techo y desde el cielo para que no inundara el interior y conducir el agua del lavatorio, el lavaplatos y la ducha.
Por diversas razones utilicé muy poca madera..irrumpieron imágenes de proyectos de bío - construcción: capas de ramas del lugar (y no muros), están allí, decorando. Son nubes terrosas entremezcladas con paja y ramas.
Cuando estoy en Valparaíso, la imagen de mi balsa-cabaña me llama a navegar en tierra, a fundirme con los pájaros quienes en una señal de afecto, me dejaron sus crías en el techo.
Junto con ellos, un sin fin de sonidos de insectos me rodean, haciéndome sentir en el medio de un océano seco, recordándome que pertenezco a la tierra y que debo remar en esa dirección.
Mi nombre es Santiago Araya Monge, músico de profesión.
Ante una situación de desempleo, me impuso el destino irme a esta parcela de mi hermano Francisco, su dueño.
El desafío fue total: no había agua, electricidad ni casa.